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Lecciones de un desastre

Una de las cosas que me ha mantenido más atento a los medios in-comunicativos en este mes de pausa han sido los detalles generados en torno al desastre aéreo de Barajas. No me refiero al dispositivo, muy bien organizado creo yo, con el que se respondió a la catástrofe sino a detalles 'colaterales' que tiene que ver más con la investigación judicial, pero que muestran implicaciones prácticas para quienes trabajamos con el objetivo de mejorar las seguridad del paciente.

Es bien conocido que la industria aeronautica y la aviación son puestas como modelos en lo que se refiere a seguridad y es algo que se justifica en las estadísticas; esas que ahora, en la hora del desastre, salen a relucir demostrando que viajar en avión es más seguro que viajar en coche. Pero, a la hora del desastre lo que a mí me llama la atención más aún que la simplista focalización en la culpa que realizan los medios in-comunicativos son las herramientas de las que se dispone para 'reconstruir' lo acontecido desde el punto de vista técnico.
Estoy hablando de los registros; de su exhaustividad, de su pertinencia, de quien y que esfuerzo ha de hacer para cumplimentarlos y de la seriedad con la que se toman.

Muchas, muchísimas veces veo a mis compañer@s torcer el gesto ante el requerimiento de cumplimentar un registro de hacerlo en el momento o en la forma en la que están diseñados (y fijense bien que no digo "adecuado", que sería otra cosa), de adjuntar los testigos convenientes a cada caso etc. Y las escasas ocasiones en las que intento tener una conversación sobre el tema la argumentación siempre se dirige al escaso o nulo valor que se le supone a registros y testigos (por no hablar de la desconocida “trazabilidad”) y a que dicho tipo de acciones disminuye el tiempo de atención a los pacientes.

Lo cierto es que entre todo el ruido respecto a esta desgracia de Barajas se han podido escuchar las conversaciones entre el piloto y la torre de control convenientemente grabadas y entre el personal de tierra de la aerolínea siniestrada y la torre de control; se han cotejado los documentos que se cubrieron cuando se revisó el aparato siniestrado, se ha podido acceder al registro de piezas y revisiones del avión y al registro de servicio del personal al cargo del vuelo… todo ello realizado con meticulosidad dentro de las rutinas habituales de trabajo y que son (incluso en este caso) la esencia de la garantía de seguridad que se le supone y que las estadísticas acreditan del transporte aéreo.

Bueno, pues todo ello no hace más que reafirmar lo necesaria que es la recolección de la información pertinente en el momento y en el modo adecuado o legalmente establecido y lo distante que está la cultura del personal sanitario de todo ello. Cada decisión, cada replanteamiento, cada modificación en nuestro proceder debería contar con la firme base que proporciona el estudio riguroso de datos bien estructurados, datos recolectados de modo consciente, pero sin interferir en la labor asistencial principal; datos de todo tipo cuyo registro resulta pertinente para uso legal, administrativo, gestor o investigador y cuya primera responsabilidad recae en los propios profesionales que los registramos al tiempo que prestamos la asistencia.

Los registros de enfermería son una de esas fuentes que bien estructuradas y cubiertas con atención constituyen la más sólida base de cualquier estudio sobre los incidentes de seguridad del paciente en un centro sanitario; pero esos registros no lo pueden abarcar todo pues tanto por su formato como por la metodología para su registro otros modos, dispositivos y profesionales juegan papeles clave en la confección de la ‘imagen’ que de cada procedimiento, y de todo el proceso del paciente en su conjunto es necesario formar para poder indagar en los qué y en los cuando que nos dirán como y porqué se producen los fallos en la seguridad del paciente.

En quirófano existen registros de enfermería más o menos completos que recaban información sobre participantes en la intervención, sobre el procedimiento realizado y los horarios de cada fase del procedimiento. En él se debe registrar la realización de la revisión previa a la cirugía de los aspectos señalados por la OMS en su segundo desafío mundial; en él se deberán registrar las indicaciones que se decidan en el grupo de trabajo recién creado por el Plan de Calidad del SNS para la elaboración de los estándares y recomendaciones de calidad y seguridad en los centros y servicios sanitarios para el Bloque Quirúrgico, pero… aún así quedarán muchas facetas por cubrir cuya necesidad es omitida por el ingente esfuerzo que ello significaría de realizarse con los procedimientos actuales, pero para los que deben existir y existirán dispositivos de asistencia que realizarán esas labores.

No es lejano el día en el que se grababan TODAS las intervenciones realizadas mediante técnicas mínimamente invasivas; luego, poco a poco y por falta de normativa que lo regulase, dicha medida se fue abandonando y, a veces, hasta nos olvidamos que podemos grabar los hallazgos de relevancia clínica que se producen en una intervención de este tipo (cuya necesaria señal de vídeo lo hace muy sencillo) perdiendo oportunidades para aprender y divulgar. Pero a lo que voy, es a que se puede ya técnicamente dejar constancia de todo el material utilizado puntualmente en cada procedimiento con sus correspondientes lotes y caducidades y no sólo me refiero al ya obligatorio material protésico sino a todo el fungible que se utiliza. Sobre ello ya he pensado bastante y he presentado una idea a un concurso aunque, creo, sin resultado. También es posible, y se hace en algunos centros, guardar en un archivo los datos de la monitorización del paciente tanto los procedentes del monitor general como del respirador o de otros dispositivos más complejos como los de circulación extracorpórea.

Las tecnologías de la información ya disponen de los procedimientos y del hardware necesario para ello; un sin fin de proyectos de "hospital sin papeles" lo acreditan, pero algunos parecen realizados tan desde fuera del mundo sanitario que su interconexión y operatividad es nula. Supongo que sucederá como con los programas de 'gestión de cuidados' que han tenido que ser reformulados desde que aquellas primeras gacelas salieron a la sabana y fueron fácilmente cazadas por los 'problemas del directo'...

Mientras todo eso llega debemos participar en los diseños de registros eficaces tanto para sus fines como para la práctica diaria dejando a un lado la leyenda de que cada minuto dedicado a un papel es un minuto menos para el paciente, pero sin perderles a ellos la vista; pues seguiran siendo siempre la razón de que estemos allí.

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