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Los datos y las decisiones

Bueno; empezó el curso y, en un giro de último momento tal vez propiciado por las llamadas a la serenidad desde el campo profesional, los ministerios de Sanidad y Educación decidieron no recomendar el cierre de los centros escolares y centrarse en los mecanismos de prevención y de vigilancia epidemiológica. La campaña de difusión de información a escolares y padres empezó simultaneamente a las clases y los chicos han venido para casa con la lección en la cabeza y el tríptico en la cartera...

Yo ya había comentado que el cierre de los colegios había resultado una medida útil en Argentina pero que tiene un alto coste que algún plan de contingencia trataba de abordar...

Ayer la OMS entró directamente al tema afirmando:
  • Que podría reducir la presión asistencial en hospitales y centros de salud entre un 30 y un 50 por ciento durante el pico de la pandemia.
  • Que sería efectiva si los Gobiernos la llevan a cabo antes de que el 1 por ciento de los escolares esté infectado.
  • Que si los estudiantes no van al colegio pero se congregan en otros lugares, el virus continuará expandiéndose y los beneficios del cierre de la escuela se verán anulados.
  • Que el cierre de colegios puede provocar costes económicos y sociales desproporcionados en comparación con los potenciales beneficios.
  • Que la clausura de los colegios puede provocar un absentismo laboral del 16 por ciento.
Así pues, la vigilancia día a día de lo que acontece en los centros escolares puede ser un factor de alerta fundamental para medir el impacto de la pandemia y decidir la activación de los sucesivos niveles de recursos a movilizar.

Si escribo esto no es por alertar de nada sino porque constituyen notas para el futuro; recordatorios de el qué, el cómo y en base a qué se hacen las cosas para aprender.